M I L O

Un reino es lo
mínimo que merezco.


Willy, yuyi, perro, wati, yiyito, príncipe william y así un sin fin de nombres más. Aunque originalmente me llamo Milo, solo le hago justicia a “príncipe william”, que describe perfecto mi condición de consentido mamón y quien en verdad soy, un príncipe al que le gusta dormir dentro de la cama, que come el raspado del huevo revuelto al desayuno y que le ladra a sus enemigos desde dentro de la casa.

No tengo cola y la verdad es que no la necesito y tampoco la entiendo, creo que solo sirve para botar cosas, como lo hace mi hermana. Ella disfruta de lo mundano de la vida, chupetearse a sí misma y al resto, además de comerse mi plato de comida. Mientras observo sus hábitos coloquiales, yo sigo en mi trono, el que ya se quisiesen los gatos de arriba: las almohadas de la cama, pensando en que si esto no es soberanía entonces qué. Soy un afortunado esperando que algún día llegue mi corona. Ojalá sea de pollo asado.


Milo es parte de nuestra familia. Es el integrante más joven y el más mamón, la definición perfecta de un consentido.